lunes, 24 de enero de 2011

La invención de Morel

En una isla a donde ha ido a parar un prófugo, las realidades se congelan una dentro de otra creando una visión de holograma, como si expusiéramos a la luz dos instantes de silicón. Las formas, los colores, la textura, quedan duplicadas con una imperfección tal, que el mundo es otro y los protagonistas grabados confunden su corporalidad con entidades de otros tiempos y otros lugares.
El isleño empieza a explorar la isla que ha adoptado pese a las advertencias de descomposición anidando bajo su piel, como el preámbulo de una enfermedad horrorosa y agónica. Luego de algún tiempo impreciso, empieza a observar en la colina, cerca de su refugio, a un grupo de personas, de las cuales huye pensando que entre ellas se encuentran sus perseguidores. Pero una tarde, en la playa, halla a Faustine y la realidad cambia. Su vida se integra a un sentimiento de perpetuo amor por la dama en la playa bebiéndose el ocaso.
Bioy Casares crea una novela “perfecta” (no solo el prologo de Borges la nomina así, su estructura circular la convierten, en palabras de Sábato, en un eternorretornograma) en donde la metáfora desmembrada del amor imposible consiente como última esperanza la discusión sobre la inmortalidad humana a través de una invención: La invención de Morel. Un dispositivo, que como el fonógrafo, el cinematógrafo, la televisión y la radio, registra imágenes y sonidos. Pero la invención es aún más horrorosa, tiene la cualidad de grabar todo y al parecer extraer el espíritu de las cosas sobre la cual su lente se posa. Así, la eternidad se convierte en testigo del registro que una y otra vez se reproduce, mientras que la otra realidad, de la cual el isleño quiere escapar (y no se lo reprochamos cuando conocemos finalmente su sufrimiento y sus deseos) se descompone.
La fantasía para Bioy Casares fue una respuesta definitiva al realismo imperante en aquella época. Los 40´ amenazaban con enmarcar la literatura en un límite psicológico y real, dejando la ficción y lo fantástico en un cementerio estéril pero de jardines muy bien cuidados. Su obra desde entonces se convirtió en un referente de creatividad y de retorno.


La invención de Morel - Adolfo Bioy Casares



Muy recomendable

miércoles, 19 de enero de 2011

La escopeta de caza

¿Qué sociedad puede crearse entre la soledad y la belleza? Imaginen a un hombre de mediana edad con una escopeta de caza al hombro, una pipa entre sus labios, un perro acompañándolo y frente a él una montaña que parece haber quedado estática como en una pintura o plastificada como en un cromo coleccionable. Uno solo ve la espalda del cazador, pero en su movimiento hacia la altura, en sus pasos y sus respiros, percibe la tristeza empobreciéndolo. Ya no hace falta mirar el vacio de sus ojos o los pliegues que forman sus gestos cuando la nostalgia lo moldea. Sabemos que es un hombre dentro de otro. Y que ese otro apenas se asoma.
En tres cartas de mujeres dirigidas a Misugi conocemos al hombre. La densidad de los temores, el dolor y la felicidad de las vidas de Shoko, Midori y Saiko nos muestran completamente el interior de un ser triste y socavado. La intensidad es tal que la tristeza de Misugi, traslucida a través de las lágrimas de las mujeres, articula una imagen poderosa. La soledad.
El sufrimiento del hombre es un núcleo blindado por la cotidianidad. Flanqueado por los estereotipos. Sus lágrimas se enquistan como un tumor invisible en los lagrimales y angostan los ojos mientras los años pasan. Es por ese motivo que las lágrimas de este tipo de hombre son joyas. Cuando se derraman lo hacen en lugares vacios que tienen como únicos testigos las montañas estáticas, los torrentes secos, los ocasos apagados o las hogueras que no lanzan sombras. Cuando vemos a un cazador alejándose por un camino sin senda, como apartándose del mundo por un instante y con vehemencia, quizás podamos observar, si tomamos mucho cuidado de no espantarlo, la soledad y la belleza en las lagrimas que derrama mientras apunta a una criatura.
Yasushi Inoué es un escritor que presagia en sus historias los escapes que el espíritu del hombre intenta ocultar. El odio, el pecado, el dolor como sombras evanescentes de lo inconfesable. Y finalmente, la muerte como protagonista sigilosa de la vida, como aquel misterio que el escritor insinúa en todas sus líneas con el objetivo de que cuando se revele estalle como la máxima obviedad. El final.

La escopeta de caza – Yasushi Inoué



Muy recomendable

jueves, 13 de enero de 2011

La habitación cerrada

El narrador nos advierte que la historia que nos va contar es una conclusión y un inicio. Un misterio desalineado de su vida. Es, en realidad, la historia de su amigo, y también, su historia. Un día recibe una llamada de Sophie, la esposa de su amigo, Fanshawe. Le dice que este ha desaparecido y que es urgente hablar con él. Fanshawe ha dejado un enorme legajo con manuscritos y borradores de novelas, poemas y obras de teatro. Fanshawe y él no se ven desde niños, pero siempre ha percibido, rodeándolo, una atmósfera tenue y huidiza que ha hecho de Fanshawe un ser inefable.
Desde ese encuentro con Sophie los acontecimientos, lúcidos en el inicio, se tornan cada vez más difusos. Empieza un juego inexorable que convierte en una sombra a Fanshawe, y en una oscuridad especular, al narrador.
La habitación cerrada es la última novela de La Trilogía de Nueva York y los misterios de sus palabras se convierten en la sustancia que hilvana la fina trama debajo del visible y conmover pliegue, de aquel que traza historias de fugas y encuentros. La conclusión es espectacular. Si bien las tres novelas pueden leerse indistintamente, cuando se hace en el orden correcto adquiere una forma sobrecogedora, generándose una sensación que nos permite disfrutar de una obra monumental.
“Las historias sólo suceden a quienes son capaces de contarlas.” Paul Auster es un contador de sucesos. Los articula de manera tan sencilla, que penetran, como un filo caliente sobre mantequilla, en la conciencia del lector. Uno descubre luego, que realmente lo que está contando puede resultar demoniacamente sofisticado, si fuera relatado por otro. Pero bajo su tinta, la sencillez de lo sofisticado se convierte en una historia de detectives.
Oscuridad como la sustancia que hace respirar a sus personajes, laberinto como la realidad sobre la cual giran las historias, viaje como aquel a través de un espejo sin saber quién es el real, la materia o el reflejo, estas son la cualidades de las obras de Auster. Y la intensidad, la adicción y la velocidad que reflejan sus ideas se originan, posiblemente, de aquella oscuridad que tiene la fuerza necesaria para hacer que un hombre le abra su corazón al mundo.

La habitación cerrada – Paul Auster

Imprescindible

domingo, 2 de enero de 2011

Ampliación del campo de batalla

Nuestro narrador es un joven informático de treinta años que debe realizar algunos viajes de capacitación encargados por su empresa. Tres ciudades francesas son testigo de una serie de revelaciones, que al inicio se muestran abatidas pero defensoras de un secreto. Se percibe a lo largo de la novela que está a punto de suceder algo que no tiene revés. Como en los preludios de una batalla. De pronto cuando uno se familiariza con la proximidad de la guerra descubre que desde el inicio ha sido introducido en un conflicto donde la derrota puede ser el mejor final, no solo para el narrador, también para el lector.
Ampliación del campo de batalla es una novela terrible, no el sentido completo del gusto ni la visión. Todo lo contrario. Houellebecq nos cuenta (y es clara su intención de desinteresarnos desde el inicio, pero su prosa simple y agónica nos condena) la terrible vida de un ser humano y su deterioro. La individualidad como cualidad del personaje, no es solo lo que precipita el más solitario desenlace, es un espejo donde retienen su mirada la mayor parte de nosotros.
Aquella batallas que libramos siempre, todos los días, es la vida. Una cuna en donde germina un sepulcro. Para muchos sigue siendo un peso inseparable, para otros, los que sobreviven antes que arrecie la ventisca, es una buena historia que contar.
Pero esta batalla tiene elementos que la forman y la prolongan más allá del epicentro, es la muerte que tarda en llegar. La ansiedad, el sexo, el dinero, la soledad, finalmente la inexistencia son los límites difusos y la sustancia brumosa de la vida. Estos límites se pliegan sobre sí mismos acercándonos al conflicto que de pronto se precipita como una garua que engendra una tempestad.
Michel Houellebecq es un escritor controversial, que no le pide permiso a nadie para contarnos con realismos y crudeza la historia del ser humano contemporáneo. La tensión que se origina cuando nos sometemos, con toda nuestra mayor fuerza de voluntad, al desasosiego y al vacio de nuestra existencia.
Ampliación del campo de batalla – Michel Houellebecq


Muy recomendable