domingo, 30 de septiembre de 2012

El color de la magia


Imaginen a la Gran Tortuga A´Tuin recorriendo el universo. Cruzando los océanos plagados de cúmulos de pulsares y quásares, saboreando el polvo estelar mientras se dirige a su destino, él que no conoce, en una incansable marcha hacía los mares de la copula y la eternidad. Sobre ella en una inmortal tertulia están Berilia, Tubul, Gran T´Phon y Jerakeen, los cuatro elefantes gigantes que sobre sus hombres soportan al Mundo Disco. Un lugar de pesos y contrapesos, un escenario de juego de dioses, un mundo cuyas aguas resbalan en cascadas efímeras desde sus bordes y se llenan sin saber cómo. Ni los astrozoólogos del reino de Krull han podido desentrañar los misterio del disco, ni de que hablan los elefantes y mucho menos el sexo de la Gran Tortuga, a pesar que se descuelgan desde le filo con grandes grúas, cuya construcción toma generaciones. Pero el misterio que la ciencia y la tecnología no puede escrudiñar es develado por la religión en una teoría siniestra y precursora que denominan, La teoría del Big Bang. Y hace mención al sexo como la fuerza originaria del universo. La copula de las Grandes Tortugas como el método de las estrellas.
La Gran Tortuga A´tuin cargando el Mundo Disco
En este mundo en forma de disco existe una ciudad, la más antigua, Ankh-Morpork. En realidad formada por dos ciudades, la orgullosa Ankh y la pestilente Morpork. Esta historia nace en ella y tiene como protagonistas a  Rincewind, un mago en cuyo cuello cuelga el octágono de bronce que lo señala como alumno de la Universidad invisible, cuyo campus trasciende el aquí y el allá. Pero es en realidad un ex alumno, castigado por grave desobediencia y expulsado habiendo aprendido solo un hechizo que oculta en lo más alejado de su mente y que no conoce. El otro protagonista es Dosflores, súbdito del imperio de Ágata, ubicado en el continente contrapeso, y que ha llegado a esta ciudad para pagar por las mejores historia y las más grandiosas aventuras, un turista ingenuo y con mucha suerte.
Dosflores le muestra a Ricewind otro tipo de magia. Una magia extraña que transforma el oro en cobre, al tiempo que sigue siendo oro; enriquece a los hombres destruyendo sus propiedades; permite que el débil camine sin temor entre ladrones, y traspase las puertas más fuertes para apoderarse de los tesoros más protegidos. Una magia llamada Sonido-reflejado-de-espíritus-subterráneos o economía.
Así que Ricewind, como un guía turístico, lleva a Dosflores, siempre acompañado por un cofre con patas muy celoso y ansioso, a recorrer buena parte de los reinos del filo del disco. Y deseando encontrarse lo menos posible con héroes, aventuras y magia consigue todo lo contrario, a gusto de Dosflores.
Terry Pratchett
Terry Pratchett es un escritor británico de extraordinario estilo. Simulando con humor e ironía, la ciencia, la tecnología, la religión, el arte, lo esotérico y el mundo, construye una realidad exquisitamente atractiva y única. Insufla de creatividad el mundo fantástico. Amplia los límites de la imaginación haciéndonos reír y pensar.
En El color de la magia, primera novela de la saga de Mundo Disco que contiene más de cincuenta novelas y relatos cortos, Pratchett da comienzo y forma a una realidad que convierte los mitos en ciencia y la innovación en religión. Las leyes las transforma en excepciones y la casualidad en normas. Dibuja montañas invertidas, en cuyas altitudes reposa la base del monte, que pende desde el suelo por la punta de la colina. Caricaturiza héroes pulposos con cabezas enanas. Cascadas que suben. Magos que no hechizan y cámaras fotográficas cuyo interior amueblado sirve de taller pictórico a un duende artista.
El color de la magia es el mejor origen de una adicción. Una novela veloz, convulsiva y seductora. Los que estén preparados para enfrentar una saga deslumbrante y fuera de los cánones de la imaginación sencilla, bienvenidos. Los demás evítenla.

El color de la magia – Terry Pratchett


Muy recomendable 

domingo, 26 de agosto de 2012

En el nombre de la madre


Miriam recibe la visita de un espíritu que le anuncia que va ser madre. Un viento en forma de hombre que la saluda en su casa. Ella apenas se da cuenta que es un ángel cuando ya se ha ido. Percibe el don que le ha revelado y la ausencia que ha dejado. Horas después y en el mismo momento que Miriam le cuenta a Iosef que está embarazada, imagina las consecuencias legales de la noticia: una promesa rota antes del matrimonio. Iosef la mira sin reproche y le pide que recuerde todo. El necesita las palabras más que nunca, para referirlas, para defender a su amada. Observa que la situación es muy complicada. Si las circunstancias se hubieran dado en el campo, ella no estaría baja la amenaza de un empedramiento feroz debido a que todos hubieran entendido que en la soledad de las afueras no podía clamar por ayuda. Pero de ocurrir en la ciudad y no pedir ayuda el escenario se complicaba. Ella debió anunciar el crimen para que los vecinos acudieran a testiguar la humillación. Se detuvo por un instante. Regreso sobre sus palabras y desesperadas intenciones por salvarla y, como un golpe seco y contundente que te hace mirar el mundo desde una perspectiva oculta, le creyó. Absolutamente. Miriam vio el rostro de Iosef y se llenó de ternura y gratitud. Se sintió entendida, tan libre de la sospecha injusta.
“Iosef es un ingenuo”. “Iosef no es un hombre”. “Iosef ha infringido la ley. No ha recurrido a las leyes de los celos”. “No está celoso, se la queda así, llena de otro”. Las personas y las autoridades de la ciudad despreciaban e insultaban a Iosef. Lo someten al desprecio más brutal, pero no pueden hacer absolutamente nada contra él y su familia. Aquel rostro ahuyenta a todos y los arrincona hacía el susurro y el rumor. Nadie lo enfrenta, el desprecio repta tratando de convertirse en sombra, lejos de su mirada. Miriam siente como Iosef se deja lapidar en su lugar y ella quiere estar a su lado y besarle las manos.
“Mirad que aires de santurrona”. “Ya me gustaría ver a quien se parece ese bastardo que lleva en la tripa”. “¿Qué patraña ha contado? ¿Algo del Salvador, hijo del ángel? ¿Os imagináis qué risa si sale niña?” Decían, a escondidas, las mujeres de Nazaret mientras le miraban la tripa. Deseando su desgracia.
Miriam y Iosef están juntos. Viajan a Belén. Él la toma de la mano, aquella que pudo haberla acusado, aquella que pudo haber sido la primera en alzarse para lapidarla por adultera. Ahora la de ella por fin descansa dentro de la de él. Y mientras viajan juntos y amados, el niño que crece dentro de ella empieza a quererla y ella a adorarlo. Le habla del sol y como, protegido por el agua de su regazo, él puedo contemplarlo. Le cuenta de la noche y como esta está llena de una multitud de madres iluminadas que se llaman estrellas y que de todas ellas, solo ella es para él. El niño llena sus pensamientos, respira por ella, huele el mundo a través de ella.   
Erri de Luca
Erri de Luca es un escritor italiano con una sensibilidad atenta. Una capacidad de internarse en el núcleo del sentimiento y dotar con las palabras una obra que acaricia nuestra lectura. Su novela es un punto de convergencia que sintoniza las palabras que resuenan melodiosas en nuestra mente con los pulsos de nuestro corazón. Su historia esta vestida de algo parecido al amor a primera vista. Recorremos la trama sin detenernos. Nos separamos de nuestro mundo, no para aislarnos y huir, sino para comprender otra realidad, menos arrebatada y más incondicional.
En el nombre de la madre es una novela corta de una reverberación generosa. Se desprende de inmediato del melodrama y redefine la ternura en la lectura. Nos halaga mientras la leemos. Es un ser que da cuenta de su creación. Nos convoca desde la conmoción, por eso sus justas palabras, las mínimas imprescindibles. Es solaz y armoniosa. Nos pregunta qué haríamos en el nombre de la madre. Si procederíamos como Iosef, que sonreía y sabia decirle si a Miriam y no al resto del mundo. Esta obra de De Luca es una delicadeza de la literatura contemporánea que no pueden perderse.

En el nombre de la madre – Erri de Luca


Imprescindible


miércoles, 15 de agosto de 2012

El tiempo entre los dientes


El tiempo entre los dientes es un libro que nos habla sobre la entereza más allá de la resistencia. De una vida que transita por el dolor y la felicidad. Que es oscurecida por las lágrimas y encendida por las sonrisas. Una historia plena de pruebas difícil y logros maravillosos. Es un testimonio de una vida de lucha, de caídas, de amor, de dolor, de esperanza, de inquietud, y de conquista. Pero aún más, de la fuerza de los vínculos, de los lazos entre las madres y las hijas, entre los hermanos, entre los padres y los abuelos, entre los esposos.
Carla See nos relata de forma sencilla, familiar y ágil su historia. Desde su infancia mirando el mundo a través de los ojos de Jean Paul, su hermano, al cual, por un riñón, todo su amor y el desprendimiento más inolvidable, está más unida que nunca. Inolvidables anécdotas que no nos permiten prevenir la primera vez que el mundo se le vino abajo cuando sus padres les anunciaron su divorcio. Nos habla, como si estuviéramos tomándonos un café y con mucha intimidad, de su madre, que es capaz de convertir cualquier situación en una fiesta, siempre con aquel toque personal que tiene y que le enseñó a nunca dejar de apostar por lo que uno quiere. Como frente a la imposibilidad de salir embarazada que solucionaron con un amor que va más allá de lo heroico y en donde Jenny, su madre, gestó durante nueve meses a la hija de su hija, Daniela. También nos presenta a Luis Eduardo, su esposo, que nunca permitió que los venciera la pena y el miedo. Y a Pavel su padre, digno representante de aquellos hombres que nunca perdieron la garra y las ganas de vivir y que han transmitido aquellas virtudes a sus descendientes.
Carla también nos cuenta sobre su abuelo y las ganas de reencontrase con su familia sobreviviendo a los infiernos de Terezín y Auschwitz. Y finalmente, nos habla de Daniela y aquella lección que con mucha creatividad le muestra y que es la médula de su historia: “la fuerza interior y la mente positiva son tan importantes como el hacernos cargo de nosotros mismos, ya que no sirve de nada ir por el mundo culpando a los demás, cuando somos solo nosotros los que nos encontramos en control de nuestras propias vidas”.
El ser humano es un poso de deseos insondables. Su mente bulle de propósito y de imaginación. Pero como para que las cosas sean un poco más interesantes construyen una barrera que separa el pensamiento de la intención. Y para garantizar, aún más, lo infranqueable lo cementan de victimismo y subestimación. Así, pudiendo hacer realidad todo lo que deseamos, nos negamos a creer que podemos y para ello nos inventamos las limitaciones con más sinsentido que imaginamos. Así transcurre generalmente nuestra vida, sin dinero, sin amor, sin poder, con problemas y con mucho drama. Aquel que nos hace sufrir por años y al cual nos hacemos adictos.
Si tenemos claro que lo que digo es una característica muy común que nos une como seres humanos, ahora nos es fácil definir a los héroes o, en este caso, a las heroínas. Y es que creo que los héroes son aquellos seres humanos que viven con la mayor naturalidad posible el tiempo entre los dientes. Con fuerza, con tenacidad, con esperanza, con intención y acción.
A pesar que he tratado de ser lo más medido posible, no he podido dejar de ser tan elogioso con el libro. Entenderán al terminar de leerlo que hemos tenido la suerte de conocer en esta vida a Carla See y aún más suerte de haber sido tocados por aquel rose de entereza que va más allá de la resistencia.


El tiempo entre los dientes



El tiempo entre los dientes - Carla See

Imprescindible


sábado, 4 de agosto de 2012

El hielo


Gorobovetz, Uránov y Rutman toman a los dos hombres que han secuestrado y los atan en dos columnas de cemento que soportan el techo de un almacén oscuro y abandonado en las afueras de Moscú, cerca de las doce de la noche. Les arrancan las camisas y exponen sus fríos y pálidos pechos. Sus bocas están silenciadas por gruesas mordazas y sus miradas están tan abiertas que parecen salirse de sus cuencas. Los cinco, secuestradores y víctimas, son rubios y tienen los ojos azules.
Uránov se coloca los guantes y toma entre sus manos un artefacto que tiene la apariencia de un martillo de mango de madera y cabeza de hielo. Lo ha tomado de dentro de un cofre lleno de escarcha que Rutman ha extraído del auto y ha depositado sobre el suelo. Lo levanta sobre su cabeza y lo estrella con todas sus fuerzas sobre el pecho del primer hombre. Los ojos azules de la víctima se desorbitan y pasa lo mismo martillazo tras martillazo hasta que dejan de hincharse. Mientras Uránov se afana en el ejercicio, Gorobovetz tiene pegado su oído al pecho del torturado, escucha muy concentrado, en un momento le habla a algo oculto en el interior: “¡responde!, ¡responde!”. “Esta vacío”, dice decepcionado luego que el último martillazo a destrozado por completo el pecho del muerto. Gira a su derecha y fija sus ojos esperanzados en el segundo hombre que ha visto la masacre y convulsiona de miedo. “Tranquilo hijo” le dice Gorobovetz antes de ordenarle a Uránov estrellar el martillo en el segundo pecho con la esperanza de no encontrar a su décima séptima oquedad, es decir, con el anhelo de descubrir a un hermano cuyo corazón responda.
Vladimir Sorokin
Vladimir Sorokin es un escritor ruso disonante, provocador y atrevido. Le asfixia las convenciones y no tolera la medianía y la levedad, especialmente de la Rusia de donde procede. Las palabras son exactas en su discurso y en su narración gélida, ha enmudecido el ruido. Como si hubiera cubierto de una capa gruesa de hielo la estructura de la novela y sobre ella o desde dentro de ella se deslizara sin restricción la trama violenta y pura. En ocasiones uno anticipa el vértigo que se precipita desde la historia justo a tiempo como para contemplarlo como testigo y no protagonista, como si uno se librara de un cubo lleno de hielo que cae a sus pies.
El hielo es una novela extraordinaria que hay que leerla también a contraluz. Es como si mostrara, con una luminosidad dirigida desde un ángulo distinto, una trama diferente. Debajo de la historia que muestra a una banda de asesinos, critica, descaradamente, la historia de la Rusia de los últimos cincuenta años: la respuesta acobardada del pueblo ruso y sus comisarios frente a invasión Nazi, la insensibilidad ante la miseria de la postguerra por parte de los autócratas imperecederos, la corrupción y las luchas de poder durante la stalincracia y sus errantes purgas posteriores, hasta la Rusia actual donde la prostitución, la juventud narcotizada, el contrabando ampuloso, el imperio del sicariato y la putrefacción los comercios ilegales conviven en una país dolarizado cada vez menos blanco y más obsceno.
Una de las características más notables de El hielo es la multiplicidad de lecturas que uno puede rescatar, entre ellas una de las que más llama la atención es como a través de una narración tan exacta y fría, el lector puede acercarse a entender la crueldad latente del victimario, el vacío gélido de aquella mirada que descansa sobre otro hombre al que le ha retirado toda cualidad de humanidad. Por eso le es menos difícil al lector comprender la irracional visión de subnormalidad que los nazis dirigían a los rusos y que ocasionó veinte millones de muertos o la visión exenta de sensibilidad que estos mismos depositaron sobre los judíos, a los cuales cosificaron y para los cuales inventaron la más brutal y feroz industria de exterminio que jamás alguna cultura humana se ha atrevido a planear, o, también acercarse a diferenciar la sanguinaria dedicación de los japoneses de Hirohito por definir a los hombres, mujeres y niños chinos con el nombre de Maruto, dándoles aquella cualidad que tienen los pedazos de madera por los cuales no se siente nada al estrellarlos contra el suelo, desangrarlos en canal y despedazarlos. Nunca podremos asimilar la brutalidad del verdugo, pero Sorokin nos acerca un poco a un entendimiento perverso y a la compresión sobre la facilidad que tiene el victimario para levantar el martillo asesino y asestar el golpe frio que siempre acompaña a la muerte.

El hielo – Vladimir Sorokin


Muy recomendable

miércoles, 4 de julio de 2012

El inquilino


Ricardo Rota es un profesor de filología en una universidad de prestigio. Todos los días se obliga a salir muy temprano a correr una hora por el vecindario. Un mañana al salir, esta está vacía como siempre, la nota oculta por una extraña niebla blanca y luminosa que parece apoderarse de todas las formas. Luego de regresar a la casa por unos lentes que había olvidado, decide hacer el recorrido inverso y descubre una realidad nueva como si por un sortilegio la bruma se hubiera despejado y las personas se hubieran animado a poblar el día. Justo antes de terminar su circuito anti horario un pequeño trecho oculta un desnivel que lo hace perder el equilibrio y doblarse el tobillo.
Retorna a su departamento con dificultad y antes de entrar al edificio la casera le presenta al nuevo inquilino, el doctor Daniel Berkovickz. Desde aquel momento la vida a la que tan seguro se  ha atado empieza a echarse a perder. Su novia no contesta sus llamadas y cuando a las últimas se siente obligada a hacerlo se muestra fría y aburrida. En la universidad le han reducido su responsabilidad académica en detrimento de sus finanzas. El hecho de solo haber escrito un artículo en los últimos tres años se torna el motivo de su casi inmediata recisión de contrato. Sus amigos parecen haber sido subyugados por la personalidad de Berkovickz, que es además de su vecino de piso, el nuevo docente del departamento de lenguas, reclutado por su jefe con inalcanzables honores y referencias. Todo esto lo hace pensar que su vida ha cambiado dramáticamente, como si un huracán hubiera pasado por su lado llevándose todo.
Javier Cercas
Javier Cercas es un escritor brillante y practicante de lo simple y directo. Su prosa empieza en un punto quieto, casi inerte, que luego se desgreña de intriga en intriga consolidando una trama imprevisible e impetuosa que pugna por avasallar la curiosidad y el gusto del lector. Convierte lo cotidiano y la vida espontánea de sus protagonistas en un momento de significado, un instante que decididamente originará una mudanza interior, una conversión del entorno como si nos implantaran un lente coloreado de azul delante de nuestra mirada y desde entonces las cosas del mundo tuvieran una cualidad distintamente perfecta.
El inquilino es un ejercicio extraordinario de agudeza literaria vibrante. Reta nuestros espacios comunes, construye una historia imprevisible a partir de un suceso diario, segmentando la realidad y mostrándonos una imagen opuesta a través del espejo. Cercas aprovecha esta circunstancia para tejer entre los pasos que da el protagonista, sus miedos e impulsos, sus frenos y pesadillas.
Esta segunda novela de Javier Cercas está alejada de la famosa Soldados de Salamina por doce años. Es iniciática y aun no aborda la novela-ensayo que se verá luego. Pero como lectores ansiosos acostumbrados al desafío y a la verosimilitud de la mentira, no nos decepciona esta peculiar forma de diversión y atrevimiento.

El inquilino – Javier Cercas


Recomendable

sábado, 30 de junio de 2012

La ciudad de los prodigios


Onofre Bouvilla llega a Barcelona desde San Clement. Tiene trece años y ha decido hacerse rico, el hombre más rico del mundo. Pero primero debe conseguir un empleo. El dinero que lleva consigo solo le alcanza para pagar una semana en una pensión modesta. Por concejo del señor Braulio, dueño de la pensión, decide buscar trabajo en el puerto pero no consigue nada. Barcelona en el año 1886 vivía una de mayores crisis, era pequeña, desordenada, caótica y repleta de catalanes. Cumplida la semana y sin un centavo en el bolsillo, sin poder dormir en su última noche, Onofre recibe la aterradora visita de Delfina, la hija del señor Braulio. Acompañada de Belcebú, su terrorífico gato le propone distribuir los panfletos del grupo ácrata al que pertenece. Sin salida, Onofre acepta convertirse en propagandista anarquista y conoce así, lo que Barcelona se había empeñado en mostrar al mundo a pesar de sus miserias, la Gran Exposición Universal.
Los obreros, albañiles, carpinteros, operarios de la Gran Exposición Universal son su objetivo. A ellos debe llevar las nuevas ideas anarquistas para que participen en la pronta Revolución. Pero la revolución quedaba aún muy lejos y dándose cuenta que la única acogida que tenía entre la gente lo convertía solo en un buen tipo, decide utilizar su carisma a su favor y empieza a estafarlos con una loción crecepelo. Así conoce a Castells, un sujeto enorme, que lo acompañara hasta el final de su vida.
De la estafa del crecepelo pasó a formar una banda que robaba los objetos y equipos enviados por los distintos países e instituciones y que constituían las muestras de los pabellones de la Exposición Universal. Luego su banda fue asimilada por la poderosa facción de Don Humbert Figa i Morera. Desde ella escaló hasta convertirse en el hombre más poderoso de Barcelona. El negocio de la inmobiliaria, el tráfico de armas, la extracción y comercialización de los diamantes, la producción de filmografías lo convirtieron antes de la siguiente Gran Exposición Universal de 1929 en uno de los hombres más poderosos del mundo.
Eduardo Mendoza
Eduardo Mendoza es un magnífico, cálido y divertido novelista español. Es un excavador literario que descubre y recupera nuevas identidades de la crónica activa. Es un narrador insuperable que exorciza, mediante el humor, la paradoja y la parodia, los remedos literarios y cualquier filón posible de las decadencias del sentimentalismo escrito. Sus personajes son caricaturescos y tan vivos que se salen de la novela para poblar nuestro mundo cada vez que posamos la vista en las personas que nos rodean.
Por ejemplo, es difícil dejar de ver al circunspecto señor Braulio que en las noches tropicales se viste de lentejuelas, en el serio empresario de terno y corbata que pasa a mi lado con un rostro tan lánguido y reprimido al mismo tiempo. U observar en aquella anciana beata que veo todos los domingos entrando al Santísimo con el rostro compungido pero el alma atenta al chisme y la miseria, en el semblante pesimista de la adivina Micaela Castro.
Así es como reconocemos a los personajes de La ciudad de los prodigios, entre nosotros, caminando, hablando, comportándose como aquellas caricaturas que da vida Eduardo Mendosa. 
La ciudad de los prodigios es considerada una de las mejores novelas escritas en los últimos treinta años. El anarquista, el desplazado, el pobre, el miserable sin condición ni clase medra hasta las inalcanzables cimas del poder y lo hace de manera brutal y feroz, sin respetos y sin piedad. Corrompe y se corrompe, se pudre en el camino pero logra su sueño en la soledad más gélida que puede terminar. Pero al fin de cuentas, lo consigue. 

La ciudad de los prodigios – Eduardo Mendosa


Imprescindible

sábado, 23 de junio de 2012

La luz difícil


David decide salir de Bogotá para probar suerte en un lugar en donde sus obras pudieran tener acogida. Había sufrido pobreza y desinterés en su ciudad y esperaba que Miami fuera diferente. Se lleva a Sara, su esposa, y a sus tres hijos, Jacobo, Pablo y Arturo. Viven en Miami tres años y las ventas de sus cuadros mejora muchísimo. Lo suyo es la luz, en realidad, el descubrimiento de la luz en las oquedades, en las superficies, en las fisuras, en los espacios vastos, sobre los fósiles, sobre el polvo, sobre la inocencia, el movimiento y la sorpresa.
Se encima sobre ella y usando pinceladas de lejos y de cerca la rescata del óleo, que a veces está dispuesta y rendida a él, y otras, es esquiva y difícil de encontrar. Luego de llenarse la vista de los Cayos y las ensenadas de la nueva ciudad decide encontrar la abundancia en Nueva York y en el momento en que el mundo se abre a él, Jacobo, su hijo mayor, sufre un accidente terrible que lo postra en el dolor más indigno y en el sufrimiento más joven.
Desde su futuro septuagenario en una finca de La Mesa a sesenta kilómetros de Bogotá, David, luego de dejar de pintar para siempre, escribe, ayudado con una enorme lupa que desafía su pronta ceguera, sobre los últimos días de Jacobo. Sara lo ha dejado hacía dos años y la única forma de que ella se dejaba ver era cuando le llevaba flores a su tumba. Así, que solo y con las ocasionales visitas de sus dos hijos una vez por año, los recuerdos se agolpan en su vida como aquella luz intensa, abrumadora y difícil de señalar.
Recuerda el último día en la vida de su hijo, el viaje que hizo con Pablo, el único que lo acompaño, al encuentro de un médico misericordioso con el que había pactado su muerte. Mientras sus dos hijos viajaban hacía el descanso de la muerte del mayor, él y Sara, en su casa, al lado del cementerio,  esperaban sin soñar la noticia del fin. Mientras pasaban las horas él se sentaba frente a su último lienzo, no podía ver aquella la luz que se escapaba de la espuma que creaba un ferri frente a las costas de la ciudad. Así se dispersaba la luz que albergaba el cuerpo doliente de su hijo mayor.
Tomás González
Tomás González es un escritor colombiano de una destreza narrativa prodigiosa. Su prosa genera imágenes extraordinarias que nos hacen olvidar las palabras y nos aloja con mucha calidez y potencia en una historia emotiva, lucida y gráfica. Se dice de González que es una de las plumas mejor guardadas de la Colombia postmoderna y La luz difícil lo demuestra decisivamente.
La luz difícil es una descarga al espíritu, es una detonación brutal que se transforma en una contemplación soberbia sobre la vida. Al terminar de leerla uno siente equilibrio y quietud. Se percibe mientras se lee la genialidad que nos lleva al más profundo discernimiento del dolor y de la belleza. Nos quedamos detenidos e impresionados cuando nos invade la calidez del vuelo de los azulejos que juegan con la luz entre los frondosos arboles del cementerio o el movimiento de mariposas que hacen los murciélagos en el corredor de la finca al atardecer.   
Muy pocas novelas han penetrado con tanta intensidad en la hondura del dolor, como un haz luminoso y filoso sobre la fragilidad y la belleza humana.

La luz difícil – Tomás González


Muy recomendable   

viernes, 22 de junio de 2012

Elegía


Están reunidos alrededor de su tumba, Nancy, su hija bien amada que lo adora con todas sus fuerzas, Randy y Lonny, los hijos con su primera esposa que siempre buscan pretextos para crear distancia. Esta Howie, su querido hermano mayor y también Phoebe, su segundo esposa, la intermedia. Los amigos de la casa de reposo donde había vivido los últimos años también lo acompañan y lo lloran.
Aquel hombre que reposa dentro de una tumba ha tenido una vida feliz y amarga. Se ha casado tres veces y ha rechazado la felicidad un par más. Como si quisiera con su vida elevar una proclama a la soledad y a la vejez. Su padre lo había capacitado, muy bien, en el negocio de las joyas. Las observaba, acercaba sus ojos con la lente interpuesta a las piedras más hermosas y sabia reconocer las fracturas de la imitación y las fisuras de la baja calidad, como también la geometría de la perfección y la textura de la maravilla geológica.
Él siempre fue el hermano pequeño, aquel hermano quejumbroso y delicado que se sometió a siete cirugías cardiacas durante su vida, el que se salvó de una hernia cuando niño, el que siempre vivió con el rostro hundido y desvalido. Mientras Howie, su hermano mayor, siempre lo salvaba y lo cuidaba.
Sus primeros hijos nunca comprendieron su decisión y el no pretendía nada más que quererlos, pero los abandonó, como lo hizo con su hija, la menor, cuando ella tenía apenas trece años. Así recordaba su vida, con nostalgia y aprensión, como si los recuerdos sombríos se hubieran multiplicado, aquellos últimos días antes de recostarse en su tumba.
La elegía es una forma de escritura muy antigua, utilizada para añorar a los ausentes, para honrar sus vivencias y recuerdos. Para mantenerlos entre los vivos. De ahí el nombre en español, en mención de esta inspiración de desagravio y de ceremonia, que escribe Roth.
En inglés el título es Everyman, que más allá de hacer referencia, como dicen algunos, a una novela del siglo XV, ampara un acertado nombre para la vejez. Todohombre, como podríamos, con la libertad del adepto, traducir, nos nomina, nos invita a mirarnos en aquel futuro, cercano o tardío para algunos, en donde la vejez no es una batalla, es una masacre.
Elegía es una obra breve que se inicia y termina con la muerte y nos muestra la vida como un tránsito, como un puente, como un hundimiento. Para todohombre que traza este camino, que es la vida, solo hay una meta, un destino compartido: la muerte. Roth nos relata el desasosiego que impera en el mundo de este hombre, como una sombra delante que se anticipa a nuestros anhelos.
En este homenaje que rinde Philip Roth a los largos y últimos años, nos encontramos con una prosa lúcida, fácil y sin disimulos, que agrada y celebra uno de los temas más hermosamente tratados, la vejez. Comparado en afección y solemnidad con otros autores grandiosos como Kawabata en La casa de las bellas durmientes y García Márquez en Memoria de mis putas tristes, Roth da la talla creando otra obra maestra, de una factura imperecedera.
La muerte es la noche de esta historia, la que la crea y la establece, la fuerza más vehementemente turbadora de la vida. La vida es la excursión precedente a este fin. Nuestro todohombre es un ser observador de sus desaciertos, omisiones y resentimientos, que se posan sobre él con una carga intolerable.
Al final de sus días, como les sucede a todos los ancianos, decrecía, disminuía, pasaba las horas sin sentido, con mañanas y tardes inciertas y soportando estéril el deterioro, la tristeza final y la espera, la persistente espera de la nada. Los huesos eran su último consuelo para alguien que creía que Dios es una ficción y que esta es la única vida que tenemos.

Elegía – Philip Roth


Imprescindible

jueves, 21 de junio de 2012

La guerra del fútbol


Para las clasificatorias del mundial de futbol de México 1970, El Salvador y Honduras jugaron dos partidos, cada uno en sus respectivas canchas, que originó la guerra del futbol. El maltrato absurdamente feroz contra ambas selecciones cuando visitaron el país contrario se destacó por las conductas exacerbadas de los hinchas azuzados por los medios y por los gobiernos respectivos. Las escaramuzas que duraron cien horas produjeron seis mil muertos y veinte mil heridos, además de cincuenta mil personas que perdieron sus casas y sus tierras y decenas de aldeas devastadas.
Ryszard Kapuscinski y otros veinte periodistas, corresponsales de sus respectivos medios, se pusieron en marcha hacia los límites de ambos países. Algunos desertaron mientras iban acercándose y los últimos fueron emboscados y se dispersaron a su suerte. En aquel momento, perdido en aquella selva de la América Central,  Kapuscinski tuvo la suerte de encontrarse con un soldado hondureño que lo acompaño hasta Tegucigalpa. Antes de empezar el trayecto de regreso, el soldado se escabulló entre las ruinas de una pequeña batalla para hacerse con un tesoro inusual y recién descubierto: los zapatos de los soldados muertos. Su cuerpo no podía perder la oportunidad de llenar de zapatos a su pequeña aldea cuando acabase la guerra.
Todo acabó unas horas después por la intervención de algunos países latinoamericanos y la presión internacional. Ambos gobiernos se sintieron ganadores, aunque no cambiaron en nada los límites de su territorio, pero debido a que ocuparon por unas horas el interés del mundo disfrutaron del éxito sin importarles que para hacerlo hubiera que derramar un poco de sangre y barrer a fuego algunos pueblos.
Ryszard Kapuscinski
Ryszard Kapuscinski fue un escritor, periodista y cronista polaco de connotada influencia, con una habilidad extraordinaria de llevar la crónica y el ensayo a niveles sobresalientes y seductores. Tiene esa pericia inusual de transportar una lente invisible sobre lo narrado resaltando desde la sencillez la verdad de la crónica y dibujando maravillosamente los bajos y altorrelieves de la realidad que cuenta. Veraz, minucioso, expresivo y preocupado por los sectores más despreciados, y vigorosamente independiente frente a la presiones de toda traza, que han tratado de adulterar su mensaje.
La guerra del fútbol fue una guerra de desplazados y de territorio, como la mayoría. Un país pequeño como El Salvador con una densidad poblacional descomunal, amontona, durante los años anteriores, casi medio millar de campesinos en los bosques de Honduras. Inicialmente Honduras los acepta pero cuando los hondureños desean territorio y evidentemente el Trust internacional, que tiene secuestrado casi todo el país, no va a ceder ningún acre, entonces empiezan a expulsar aquellos campesinos expatriados que ya nadie quiere ni necesita.  
En La guerra del fútbol, Kapuscinski describe como el futbol ayudó a enardecer los ánimos patrioteros de los hondureños y salvadoreños y así fortalecer el poder de las oligarquías. Describe la guerra desde lejos y desde cerca. Como la guerra vista a distancia es solo un espectáculo y desde cerca un infierno. De cerca todo se confunde. Hasta los bandos. Y en aquellas circunstancias en donde no se sabe si el herido es nuestro o de ellos, lo más cierto es decir que el moribundo es de su madre.
La guerra del futbol nos habla del hombre bueno que se convierte en el soldado malo, el enfurecido, el alterado. Aquel soldado que no ve más allá de la punta de su nariz, el que tiene los ojos cubiertos de barro y sudor, el que dispara a ciegas, con la conciencia enterrada unos pasos atrás. Nos muestra al hombre que se ha convertido en un topo. Un topo aterrado y ausente de palabras. Un muerto viviente hambriento y sin sueño que lucha por su país sin saber porque y recibe órdenes que no sabe a dónde lo llevaran. Un ser que no tienen la menor idea de que pasara dentro de una hora. La guerra lo lleva a una situación en donde convive permanentemente con la muerte y si sale vivo y, mientras avanzan los años, el hombre bueno, que fue un soldado malo, reclama sus vivencias de guerra, que se multiplican en recuerdos, como si no hubiera dejado nunca de estar agazapado en el pozo de su trinchera.

La guerra del fútbol - Ryszard Kapuscinski


Muy recomendable 

martes, 19 de junio de 2012

Indignación


Marcus Messner es hijo de un carnicero Kosher y ha decidido ingresar a la universidad para estudiar derecho y política. Toda su vida ha estado en la carnicería, se ha cortado trozando carne, no ha dejado de respirar aquel tufo a sangre que estampa las paredes del negocio, ha acompañado a su padre a los mataderos y ha sido testigo apático de la forma Kosher del beneficio de los animales y sin embargo en lugar de entusiasmarse por el legado ha decido huir. Correr lo más lejos que pueda de su lugar en el mundo.  
Marcus y su padre se han llevado muy bien durante todo este tiempo, pero desde que Marcus ha tomado su decisión, el señor Messner ha desarrollado una paranoia por la seguridad de su hijo. Todo ha cambio en el último año a pesar de que Marcus solo estudia a pocos minutos, en el centro de la ciudad. Ni la corta distancia, ni el hecho de que Marcus regresa todos los días a una hora apropiada a casa, han logrado calmar al señor Messner, al contrario han potenciado sus ansiedades y ahora busca cualquier pretexto para preocuparse. Vive obsesionado por la temprana muerte de su hijo y lo único que hace es ahuyentarlo aún más.
Buscando aquella libertad seccionada, Marcus decide cambiar de universidad y es aceptado en una institución muy conservadora con un riguroso predominio de los valores luteranos. Una universidad en donde los judíos casi no llegan a cien y tienen que protegerse en fraternidades para evitar la discriminación y la intimidación. Sin embargo, Marcus solo quiere estudiar y decide prescindir de la hermandad que se desespera por acogerlo.
Cuando las agresiones vienen por todos lados, desde el cínico sabotaje hasta la indiferencia más marginal, desde el acecho de sus compañeros de cuarto hasta el desprecio disimulado del decano de la institución, desde los gentiles más brutales hasta los judíos, aún más crueles, en ese momento la distinguida, recorrida y suicida señorita Hutton se atraviesa en su vida. Y sus sueños se apagan cuando ve cada vez más cerca su reclutamiento en las fuerzas armadas americanas y aún más cerca la guerra de Corea.
Philip Roth
Philip Roth es uno de los mejores escritores de nuestra época. Su prosa es directa, fluida, sencilla, ligera y al mismo tiempo intensamente honda e incisiva. El lector queda atrapado y disfruta la historia, no como un observador, sino, al contrario, como el principal protagonista de la misma.  
La obra narrativa de Philip Roth conforma la primera línea de la gran novelística estadounidense. Sus personajes y los hechos que se entrelazan configuran tramas de una compleja visión de la realidad, una percepción que se esfuerza por mantenerse entre la razón y los sentimientos, enmarcada en la ansiedad del presente.
Indignación es una historia íntima, en donde la inexperiencia de la vida corta, las imprudencias del romántico, la resistencia intelectual que pretende responderle al mundo, los descubrimientos sexuales que siempre refugian el fin de la inocencia y el origen de la malicia, sirven de cerco al coraje del aprensivo y al terror del asfixiado.
Alejándose del tema de la vejez, de lo obsesivo y de lo atrevido por un momento, Philip Roth, en Indignación, pretende darnos un poderoso tributo sobre el impacto de la historia y la represión en la vida de un joven vulnerable y su protesta contra el futuro y sus oportunidades.

Indignación – Philip Roth


Imprescindible

lunes, 18 de junio de 2012

Sin destino


György regresa de la escuela después de entregar una nota a la profesora en donde pide permiso para salir. La nota es de su padre que lo espera en el negocio para terminar con urgencia algunos asuntos antes de partir, obligado por el gobierno de Budapest, a un campo de trabajos forzados. Para György todo esto es muy aburrido. Tiene apenas quince años y en lugar de estar haraganeando por ahí, tiene que sentarse y padecer todo este programa tan inútil. Ver a su padre entregar toda la empresa a su leal amigo no judío, verlo revisar los libros de cuentas una y otra vez hasta que se agote la tarde, además de aquel cofre con las joyas de la familia que también entrega y que cuyo traspaso su madrastra observa como mucha desconfianza, verla todo el día al borde de las lágrimas, contemplar como si fuera una estatua de piedra las palmadas en el hombro de su padre por los amigos que llegan en la noche para despedirse. Todo un día desperdiciado, un ritual de despedida, que ante sus ojos es mortalmente monótono.
Poco después que su padre parte, él es obligado a trabajar en una fábrica. Su madrastra está tranquila porque György ha podido sacar un pase especial que le permite regresar todos los días a su casa a descansar. Pero un día, antes de llegar a la fábrica, el bus en que viajaba es detenido. Todos bajan y son llevados a un lugar desconocido. Los mantienen durante cuatro días, luego los embarcan en un tren rumbo a Auschwitz.
Una palabra le salva la vida y le permite treinta años después contar su historia. Una sola palabra, en realidad un número. Frente al médico que lo examina amablemente, recuerda lo que le había dicho el preso que lo recibió al bajar del tren y cuando cree entender que le pregunta por su edad, él dice Sechzain (Dieciséis). El médico sonríe y señala un pequeño grupo de judíos que habían pasado antes que él. Un pequeño grupo que mereció distinto destino que el gran grupo de mujeres, niños y hombres, que sin saber en dónde están, caminan cabizbajos hacia las duchas.
Probablemente György
En Buchenwald se recupera luego de pasar casi un año en Zeitz, un pequeño campo de concentración. Mientras carga cemento, ya no desea mirarse. Sus pies han colonizado, a través de sus llagas y sus líquidos, aquellos zapatos de madera que se clavan en todo su organismo. Desea alejar para siempre sus ojos de su cuerpo, que va perdiendo toda su materia, y también ansía apartarlos de su mente, que se ha extraviado y que solo busca atisbos de felicidad en medio del exterminio. La felicidad que encuentra cuando se deja caer al suelo y que un garrote al extremo de la ira de un soldado lo entierra en el barro dándole algunos milagrosos y anhelados segundos de sueño.
Imre Kertész es un escritor húngaro ganador del premio Nobel en el año 2002. Su destreza narrativa es elocuente, sincera y preceptiva. Aborda la historia con precisión vigorosa como si enhebrara, al elaborar un lienzo de tramas complejas y añoradas, la novela con un poder de persuasión impresionante.
Imre Kertész
Si bien la vida de György tiene una fascinante relación con la de Kertész, Sin destino no es una autobiografía. La novela Kertész es una construcción basada en la frágil experiencia del individuo contra la iniquidad feroz de la Historia y en el inevitable descenso a una trampa, aquella que te come el cerebro y te convierte en una víctima: aquella que llamamos felicidad y no es otra cosa que la última renuncia de la vida o como diría György justo antes que de que lo rescataran de una montaña de cadáveres cuya levedad apenas se percibía, la vida es la felicidad de un sueño de tres segundos antes del golpe que te despierta, es la sensación de triunfo por la infinitésima fracción de pan que te clama que para la siguiente comida, si la hay, ya tienes algo en el fondo del bolsillo, o es aquella lealtad por la harapienta camisa de rayas que abrazas como a un hermano y que te identifica como carne de Holocausto y que, si tienes suerte, te acompaña durante el exterminio y sobrevive contigo.
Exactamente, eso es la felicidad en un campo de exterminio, aquella trampa que se activa cuando, finalmente decides no olvidarte de nada: del horror que se marca en tu visión, del sabor a sangre que portan las cenizas que vez caer del cielo como nieve gris, del hedor a cadáver viviente que te acompaña todos los segundos del año. Todo eso te hace vivir y descubrir que en realidad no eres una víctima, sino que tus pasos te llevaron a los lugares donde exististe o que imaginaste.

Sin destino – Imre Kertész


Imprescindible

jueves, 14 de junio de 2012

Plata quemada

Plata quemada - Anagrama
Cuando el Nene Brignone y el Gaucho Dorda aceptaron el trabajo nunca imaginaron que sería su última huida. Siempre iban juntos y por eso los llamaban los mellizos. Eran eficientes, gélidos y sin pulso. El Nene era delgado y largo, su perfil atemorizaba a cualquiera que se encontrara con él, como cuando te acercan un escalpelo muy afilado a los ojos. Su mirada estaba deshabitada, y especialmente cuando se acercaba a su víctima y le cercenaba, de un solo golpe, la vida. A Dorda le decían el Gaucho Rubio, era macizo, mecánico y feroz con los policías. Los mataba no por deporte, sino porque los odiaba. Cuando se los encontraba en el medio de un trabajito, los asesinaba y solo en esos momentos perdía su frialdad, pero seguía siendo impresionantemente eficiente. El Nene y el Gaucho eran como hermanos pero se daban licencia para revolcarse y besarse de vez en vez. Disparan con los dos cañones, como se dice en los puertos, pero preferían a los de su mismo sexo, en realidad solo se preferían a ellos mismos.
Malito era el cerebro de la banda y cuando planeaba un asalto siempre se rodeaba de los mejores y los mellizos eran los mejores. Pensaba cada detalle del asalto en la penumbra de un cuarto. Cerraba todas las cortinas de la habitación porque la luz lo dañaba. Era difícil tener con certeza una descripción de su rostro que casi nadie veía, pero que todos se lo inventaban con cubos de hielo en lugar de ojos y con una boca que nunca sonreía. La otra ficha invaluable del tinglado era el Cuervo Mereles. Elegante, carismático y homicida, con una vida llena de mujeres a las que les arrebataba la inocencia. Con una nariz que parecía un monumento y que en realidad estaba corroída por la droga que no dejaba de entrar cada minuto del día.
Juntos decidieron hacerse con una fortuna impresionante para aquella época. Asaltar el Banco de San Fernando, provincia de Buenos Aires y llevarse más de medio millón de dólares. Pero nada fue sencillo y menos cuando los otros cómplices no recibieron su parte. Y menos, aún, cuando los otros cómplices, los que estaban de espectadores, eran el jefe de la policía y algunos políticos ilustres.
Ricardo Piglia es un escritor argentino soberbio. Su narrativa es sencilla, locuaz y de crónica. En la literatura castellana se ha convertido en un referente imprescindible. No solo ineludible en la novela policial, también en la docencia del relato, de la intriga. Su protagonismo en la narración de este hecho real que el convirtió en novela, es palpable en cada página.
Plata quemada es una obra correcta, sobresaliente y amoral. Piglia tuvo acceso a documentos confidenciales que describen y testifican el trágico cerco que aguantó la banda de Malito. Y estos expedientes judiciales, transcripciones secretas y declaraciones son transformados en una crónica novelada de una calidad excepcional. El lector no deja pasar ningún detalle y se abisma sobre la necrología con una voracidad que deja un sabor agitado después del vertiginoso final de la historia.
Plata quemada no solo es una crónica muy bien escrita que narra el fatal final de inolvidables personajes, también nos habla sobre la corrupción sistémica e institucional, nos narra la ferocidad del ciudadano común que se ve afectado por el olor de la plata quemada y reacciona como si hubieran intentado extirparle el alma, reacciona con ira y brutalidad, mucha más que la que le puede generar la muerte de un ser humano inocente.    

Plata quemada – Ricardo Piglia

Imprescindible