jueves, 4 de noviembre de 2010

El corazón de las tinieblas

Un viaje representa a veces todo para un hombre. Un viaje de salud, de placer, de negocios o simplemente un viaje para retirarse del mundo. Para evitar que el mundo nos invada con su cotidianidad y nos convierta en una cifra. El corazón de las tinieblas es también un viaje, pero un viaje con una sola dirección, la oscuridad. Es lo que descubre Marlow cuando se interna en la umbrosa selva del centro del África en búsqueda de un hombre que se ha convertido en un dios. La selva se convierte en un organismo voraz con una inteligencia maligna capaz de vomitar su podrida progenie y tragarse, como un hoyo negro, la imaginación del hombre. Marlow llega al Congo, a una factoría de hombres. Seres devorados por otros en un intento asesino de utilizarlos hasta su última gota de dolor. El hombre blanco hundiendo sus garras codiciosas sobre un grupo de seres a los que tratan como si fueran leña. Leña para la pira.
Kurtz es el hombre que rescata Marlow. Pero el contacto con él lo contamina y lo convierte en adorador. Kurtz es el ser que ha logrado convertir su humanidad en locura y así, no solo ha sobrevivido a las tinieblas sino que las ha dominado. Pero cae enfermo y Marlow dirige una expedición en su búsqueda. El rescate se convierte en un viaje escalofriante que lo hace descender a la oscuridad, de aquellas que no solo paralizan físicamente sino también de las que destruyen la moral y la ilusión.
Conrad es un escritor prodigioso con una pericia para describir el alma humana que enlaza al lector y lo convierte en cómplice de la aventura. El corazón de las tinieblas es una obra contada con la necesaria híper-adjetivación que el autor vincula con la locura que se aproxima mientras nos internamos en las tinieblas del relato, en simultáneo con los protagonistas de la expedición. La descripción otorga tal credibilidad a la historia que uno se descubre sobre el vapor fluvial escrutando el muro verde y hostil que lo rodea mientras viaja por un rio aceitoso y traicionero.
El corazón de las tinieblas es una ficción que remueve sin piedad del alma y la mente del lector sensaciones y conflictos que lo asocian irremediablemente a descubrir la individualidad del hombre, el choque cultural, la violencia despiadada sobre el débil, la soledad, la locura, y finalmente, el horror.
“¡Ah, el horror! ¡El horror!”

El corazón de las tinieblas - Joseph Conrad


Imprescindible

miércoles, 3 de noviembre de 2010

La virgen de los sicarios

En una ciudad que es invadida por la corrupción institucionalizada, la envidia vecinal, la indolencia por la vida, la procreación de la pobreza, la fealdad y la violencia sin bando, aparece un ángel de ojos verdes. Verdes como las esmeraldas más bellas del país de las esmeraldas. Este ángel aniquilador porta una pistola a un lado y a un viejo, al que ama, al otro. Mata por saludo como dando los buenos días, por presunción para que no lo maten los hermanos y los tíos del difunto, mata por una mirada que no debía ser dirigida y no por la mirada misma sino por el cómo se mira, mata a una madre que no debió nacer y también a su engendro que está a punto de hacerlo y lo hace porque es pobre, o por que huele mal o porque aquel bastardo cuando nazca berreara crónicamente como un becerro que nunca se cansa de mamar de una teta seca. Pero, el ángel, nunca mata por compasión. No se atreve, es incapaz de hacerlo. Se le tuercen los nervios y empieza a temblar como un niño. Porque el ángel es un niño. Un niño sicario de ojos verdes y la ciudad que camina para hacer justicia es Medellín. Una ciudad donde Satán visita cada vez en vez y siempre se olvida de ordenarla antes de salir.
La virgen de los sicarios es una de las mejores novelas escritas los últimos treinta años en idioma castellano. Escrita en segunda persona, el personaje que se llama Fernando, como el autor, nos describe el momento más caótico y violento que paso esa ciudad. Cuando el narcotráfico la dominaba comprando autoridades, medios y generando una casta nueva de niños que mataban sin que la piel temblara, sin que en sus sueños los fantasmas de sus muertos los visitaran. Fernando Vallejo de manera descarnada, sin anestesia y con absoluta libertad, como para que los censure la mitad del mundo y lo admiren la otra mitad, nos relata la historia de un país convulso, contaminado, podrido, sin cura. Un país que descompone, envenenando lo que está a su alrededor. Nos habla de la política mentirosa e hipócrita, nos habla de los pobres y su autogeneración y propagación. Nos habla de la iglesia cómplice y cobarde. Nos habla de un estado que se enloda como lo haría un cerdo para refrescarse en el mismo lodo que crea.
No solo nos muestra un momento que parece perpetuarse. El como lo hace es tan cercano de la realidad que uno siente por momentos que está sentado en una cantina en los límites de Medellín escuchando a un parsero contarle una historia, como las que siempre se cuentan en una cantina con una botella de ron ya seca y con la elocuencia del que no le teme a la muerte, que cerca escucha todo.
Vertiginosa, con un tono que cambia a cada muerte y que nos invita a recorrerla en menos de una hora. Con intensión de mostrarnos de manera pedagógica y literaria el Medellín errático de los últimos años, Fernando Vallejo nos obliga a esquivar la bala que dibujaría una cruz de ceniza sobre nuestra frente. Así es esta novela, una bala con sustancia, de gusto a plomo, santidad y sangre, que promete liberarnos o enterrarnos.

La virgen de los sicarios - Fernando Vallejo



Muy recomendable

domingo, 31 de octubre de 2010

Confesiones de una máscara

“Incluso los gatos se ocultan cuando la muerte se les acerca, para que nadie los vea morir”. En Confesiones de una máscara, Yukio Mishima nos describe con ferocidad y sin guardarse nada, las grietas más perversas y disimuladas de su alma. El personaje, autobiográfico, es un joven que se descubre invertido y muy alejado de la normalidad pero luego juega a mostrarse como un ser humano común. La máscara que ha construido está hecha por capas de autoengaños que van desde una autocomplacencia indigna hasta la ausencia absoluta de moralidad. Kochan es un niño distinto con una atracción proscrita hacia los desnudos masculinos y hacia la muerte. La muerte violenta y cegadora, la que nace del filo de un hacha o de las puntas de flechas atravesadoras. Su juventud solo lo hace más consciente de estos deseos y de la incapacidad de sentir algo más que avidez carnal. Se define, muy consciente, como un ser marginal y su visión del mundo es exclusivamente sexual.
Confesiones de una máscara transita en el filo. En el frio filo del sufrimiento, del miedo, de la autocompasión que nos muestra a un lado un destino único y gris y al otro una pequeña muerte deseada. Un sueño donde amarrado el cuerpo desnudo de un joven contra un tronco con las manos atadas por encima de la cabeza, una lluvia de flechas hace blanco partiéndolo en mil formas distintas, en una explosión sexual tan intensa que la muerte, inexorable, recibe al soñador. Kochan desea aquella muerte con placer, como un anhelado orgasmo, para luego descansar sobre algo parecido a la parálisis, a la calma, al fin. Como en una última contemplación, como no queriendo del todo morir, como no queriendo del todo separarse de aquella otra muerte que algunos llaman vida, así transcurre Kochan que ha adoptado una máscara y confiesa, vomitando el alma entera, su secreto.
La obra de Mishima me hace pensar no solo en otras obras de él como El marino que perdió la gracia del mar, El color prohibido o Sed de amor, sino también en su vida. La muerte siempre fue su compañera y muy lejos de compartir con los gatos y el personaje de su obra el deseo de ocultarse para morir, él se ofreció como un rito a sí mismo a un público que siempre deseó cerca. Para Mishima verse el segundo antes de su muerte arrodillado con el tanto (cuchillo que inicia el seppuku o hara-kiri) en sus decididas manos fue algo heroico y también fue algo glorioso que fallaran tres veces con la kattana antes de separarle la cabeza del cuerpo.

Confesiones de una máscara - Yukio Mishima


Imprescindible

domingo, 17 de octubre de 2010

Travesuras de la niña mala

Travesuras de la niña mala es una novela que nos habla del amor. Pero del amor desamorado. Del amor real, no del romántico, menos del literario. Un amor interno, sexual y egoísta. A lo largo de sus páginas uno ve también la historia del mundo en los últimos cincuenta años. Desde finales de los cincuenta - mostrándonos una sociedad peruana encerrada en una visión limitada de su realidad en donde los peruanos eran hispanohablantes, urbanos, occidentales y blancos. Una realidad miraflorina lejos de la verdadera: andina, rural e indígena. El cosmos de un niño cuya única aventura consistía en ir a Paris y vivir en aquella ciudad para siempre - hasta una Madrid democrática post-pueblerina y post-dictatorial. Pasando por Paris y Londres, señaladas como fuentes de revoluciones globales, cuyo personaje vive como un testigo marginal sin querer comprometerse. Esa vida, cobarde y lineal, es transformada por abruptos saltos planetarios cuando Ricardo se encuentra con la niña mala. Esa es su verdadera aventura. El amor por la niña mala.
Cuando uno lee cualquier obra de Vargas Llosa lo primero que nota es el trabajo implicado en su construcción. Lo metódico y sistemático de su creación. Esta es una novela empática, como todas las que recrea. El lector se ve influenciado y atraído por la cobardía del personaje principal, por su incapacidad para soñar. Pero es más real de lo que parece. Representa al común de nosotros. Simboliza a los miles de millones de seres humanos que nos dejamos afectar por la ausencia de sustancia. Pero el lector, también, es fascinado como por un mago por la niña mala. Pero el efecto no es vaporoso, al contrario es permanente, como una marca decidida sobre una tabla de madera, como una cicatriz histórica y en alto relieve en la parte más presentable de nuestra piel. Algo que se te pega para siempre. Y esa es la cualidad de las grandes novelas, el recuerdo.

Travesuras de la niña mala - Mario Vargas Llosa


Muy recomendable

sábado, 9 de octubre de 2010

Una cuestión personal

Bird es un joven padre cuya escasa madurez lo ha aislado durante muchos años de él mismo. Su esposa esta teniendo a su bebe mientras él hace tiempo jugando en un recinto de videojuegos, tomando en un bar o, simplemente, caminando sin interesarse por el recorrido, posando su mirada en el vacio nocturno de la ciudad. Cuando llega al hospital descubre que su hijo ha nacido con una hernia craneal y por primera vez en su vida (quizás por segunda, pero la anterior ni la recuerda) se enfrenta a una situación que le exige tomar una decisión comprometida. Pero el oportunismo y el escape se presentan como las mejores vías y construye un sueño en donde darle agua con azúcar al recién nacido en lugar de leche terminara por debilitarlo tanto que la muerte se encargara de él. Deposita su esperanza en la muerte de su hijo.
“¿Puede excusarse el egoísmo que rechaza a otro ser, basándose en un derecho de padre?”. Una cuestión personal es una obra brutal, que conmueve y aprisiona. Kenzaburo Oé tiene la habilidad de aislarse en el universo interno de sus personajes y desde ahí desafiar al lector, conmoviéndolo como frente a una explosión cósmica. Nos inmoviliza y en ese éter que él ha creado nos desplazamos hacia el final sin poder ni querer evitarlo.
Oé explora con familiaridad los sentimientos, pensamientos, decisiones, sonidos, olores y recuerdos que un padre sometido a una situación similar recrearía. Sin resultar sencillo, nos conmueve, y lo hace asimilando en la historia de Bird parte de la suya. Su crisis, sus lagrimas, su desilusión y luego su revolución y resurgimiento cuando tuvo entre sus manos a su hijo Hikari que nació con un severo retardo mental, discapacidad visual, retraso en el desarrollo, epilepsia y una coordinación física limitada.
Kenzaburo Oé ha confirmado a su hijo como la mayor influencia en su carrera literaria porque él intentó darle voz a través de su escritura y Hikari Oé, que tampoco podía hablar mucho en sus primeros años de vida, hoy, después de encontrar su voz, es un connotado compositor japonés de música clásica.

Una cuestión personal - Kenzaburo Oé


Imprescindible

domingo, 3 de octubre de 2010

La hija del sepulturero

Rebecca Schwart nace en una noche terrible. En un barco, entre basura y mierderia. En un puerto, toda la familia Schwart huyendo de otro continente. Se establecieron lejos de su hogar y nunca llegaron a formar otro. Aquel nacimiento fue el primer milagro. Luego sobrevivió a la tragedia familiar, que se repetía en todo momento con un padre que había sido devorado por dentro y los torturaba mientras iba regresionando hacia la barbarie, con una madre que huía en su propio hogar y no encontraba ningún rincón que le supiera a familia, con hermanos que sobrevivían todos los días como si pertenecieran al mobiliario de un campo de concentración. La hija del sepulturero tuvo finalmente que reinventar su camino, reconstruirse desde el fondo de su alma y simplemente, vivir.
Joyce Carol Oates escribe una obra magnífica con una densidad que nos enseña y nos acompaña sin dejarnos. Nos conmueve como si nos contaran una historia familiar, pero nos agrede con una violencia que ilumina y muestra el testimonio de la enorme resistencia del individuo.
Esta es la tercera obra que leo de esta autora y cada vez me convenzo más de la grandeza de esta escritora y su ineludible ubicación entre los mejores.Faltan cuatro días para que se revele al ganador del premio Nobel de Literatura 2010. Empezaríamos un gran día si este jueves 7 de octubre nos anunciara, al alrededor de las 4 de la mañana (hora peruana) a Joyce Carol Oates como la ganadora.

La hija del sepulturero - Joyce Carol Oates


Muy recomendable

domingo, 5 de septiembre de 2010

De qué hablo cuando hablo de correr

"No existe en ninguna parte del mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura". Tomo de Murakami esta frase del interior del libro. El hace referencia a que cuando desea cosas del mundo real, mientras corre, estas no son tan maravillosas y estimulantes cuando las hace realidad. Mientras corre una maratón o se empeña en acabar una triatlón, a lo largo del camino, desea una cerveza helada, un duchazo milagroso, o recibir una brisa refrescante. Pero al finalizar la carrera, la deseada cerveza, el duchazo vigorizante o la brisa de ocaso sentado en una perezosa han perdido aquello que las hacía bellas cuando las imaginaba y deseaba.

Así nos pasa a los que escribimos cuando la imprevisible ficción abandona nuestro mundo para convertirse en la realidad del texto. La sensación que se siente es que aquella fantasía fuera de la cordura vivía en un equilibrio estético hasta que se convirtió en frase.

Así nos pasa a los que deseamos. Cuando nuestras metas viven en nuestras mentes se resisten a salir y nos hacen vivir en la ensoñación. Logramos una felicidad etérea. Unos pocos (a los que leemos y de los que aprendemos) hacen realidad el propósito. Luego tienen éxito y son felices, pero cuando regresan hacia atrás descubren más belleza en lo deseado y no manifestado que en la nueva realidad que crearon. Siempre la fantasía alberga la belleza que la realidad esquiva.

Este es un libro bueno y entretenido, que ha tenido que pasar por diez años de construcciones y revisiones antes de presentarlo a los lectores. A los fanáticos de Murakami (como yo) les va gustar definitivamente, garantizado. Aquellos que buscan un libro de experiencias que motiven y que generen quizás un momento de conversión que los lleve a bajar de peso o a descubrir sus metas, o simplemente a enfocar su vida, les va encantar. Los amantes de los deportes de largo aliento lo verán imprescindible. A los demás les parecerá un buen libro para recordar y recomendar.


De qué hablo cuando hablo de correr - Haruki Murakami




Recomendable