sábado, 30 de junio de 2012

La ciudad de los prodigios


Onofre Bouvilla llega a Barcelona desde San Clement. Tiene trece años y ha decido hacerse rico, el hombre más rico del mundo. Pero primero debe conseguir un empleo. El dinero que lleva consigo solo le alcanza para pagar una semana en una pensión modesta. Por concejo del señor Braulio, dueño de la pensión, decide buscar trabajo en el puerto pero no consigue nada. Barcelona en el año 1886 vivía una de mayores crisis, era pequeña, desordenada, caótica y repleta de catalanes. Cumplida la semana y sin un centavo en el bolsillo, sin poder dormir en su última noche, Onofre recibe la aterradora visita de Delfina, la hija del señor Braulio. Acompañada de Belcebú, su terrorífico gato le propone distribuir los panfletos del grupo ácrata al que pertenece. Sin salida, Onofre acepta convertirse en propagandista anarquista y conoce así, lo que Barcelona se había empeñado en mostrar al mundo a pesar de sus miserias, la Gran Exposición Universal.
Los obreros, albañiles, carpinteros, operarios de la Gran Exposición Universal son su objetivo. A ellos debe llevar las nuevas ideas anarquistas para que participen en la pronta Revolución. Pero la revolución quedaba aún muy lejos y dándose cuenta que la única acogida que tenía entre la gente lo convertía solo en un buen tipo, decide utilizar su carisma a su favor y empieza a estafarlos con una loción crecepelo. Así conoce a Castells, un sujeto enorme, que lo acompañara hasta el final de su vida.
De la estafa del crecepelo pasó a formar una banda que robaba los objetos y equipos enviados por los distintos países e instituciones y que constituían las muestras de los pabellones de la Exposición Universal. Luego su banda fue asimilada por la poderosa facción de Don Humbert Figa i Morera. Desde ella escaló hasta convertirse en el hombre más poderoso de Barcelona. El negocio de la inmobiliaria, el tráfico de armas, la extracción y comercialización de los diamantes, la producción de filmografías lo convirtieron antes de la siguiente Gran Exposición Universal de 1929 en uno de los hombres más poderosos del mundo.
Eduardo Mendoza
Eduardo Mendoza es un magnífico, cálido y divertido novelista español. Es un excavador literario que descubre y recupera nuevas identidades de la crónica activa. Es un narrador insuperable que exorciza, mediante el humor, la paradoja y la parodia, los remedos literarios y cualquier filón posible de las decadencias del sentimentalismo escrito. Sus personajes son caricaturescos y tan vivos que se salen de la novela para poblar nuestro mundo cada vez que posamos la vista en las personas que nos rodean.
Por ejemplo, es difícil dejar de ver al circunspecto señor Braulio que en las noches tropicales se viste de lentejuelas, en el serio empresario de terno y corbata que pasa a mi lado con un rostro tan lánguido y reprimido al mismo tiempo. U observar en aquella anciana beata que veo todos los domingos entrando al Santísimo con el rostro compungido pero el alma atenta al chisme y la miseria, en el semblante pesimista de la adivina Micaela Castro.
Así es como reconocemos a los personajes de La ciudad de los prodigios, entre nosotros, caminando, hablando, comportándose como aquellas caricaturas que da vida Eduardo Mendosa. 
La ciudad de los prodigios es considerada una de las mejores novelas escritas en los últimos treinta años. El anarquista, el desplazado, el pobre, el miserable sin condición ni clase medra hasta las inalcanzables cimas del poder y lo hace de manera brutal y feroz, sin respetos y sin piedad. Corrompe y se corrompe, se pudre en el camino pero logra su sueño en la soledad más gélida que puede terminar. Pero al fin de cuentas, lo consigue. 

La ciudad de los prodigios – Eduardo Mendosa


Imprescindible

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