domingo, 7 de noviembre de 2010

Todo se desmorona

Umuofia es una aldea ancestral donde la vida prosigue según la costumbre y la historia recordada en las viejas canciones. En Umuofia existe un guerrero, Okonkwo. Es uno de los más grandes de las nueve aldeas y es honrado por todos. Tiene tres esposas, cinco hijos varones y seis mujeres, ha matado y cortado la cabeza de cinco hombres durante las guerras, tiene una enorme producción de ñame y ha podido alcanzar el título notable de ozo en su clan. Su vida es digna de contarse entre las historias de los luchadores, de aquellas vidas que nunca dejan de lucharse, hasta el final. Un final que no siempre es glorioso, pero siempre es como debe ser. Dentro de Okonkwo anida su chi, su espíritu personal, y dicen los más viejos de los ancianos que un hombre no puede lograr cosas que su chi no puede. El guerrero no lo cree así. Al final de sus días Okonkwo desafía a un enemigo descomunal y al dios forastero. Ve como su familia, su clan, su aldea se desmorona y la ira lo enferma y lo derrumba. Pero el guerrero alcanza el más alto honor y en el cómo morir, la leyenda.
Chinua Achebe escribe una de las más notables historias que se han escrito en el siglo XX. En realidad escribe la historia del mundo a través de la mirada de los sorprendidos. De los que alguna vez vieron como su sociedad justa y sensible fue abducida por forasteros sagaces y asesinos. De los que fueron sometidos por leyes, lenguas, cultos que no entendían y que fracturaron su armonía por el simple hecho del poder por el poder.
Todo se desmorona es una obra brillante, no solo por lo que cuenta, también por lo que no cuenta. Una creación que se detiene en donde nuestra historia, de vejaciones y genocidio hacia pueblos distintos, empieza. Es una novela que Achebe escribió para los suyos. Pero a todos nos mostró el pensamiento y el sentimiento tan dramáticamente disímil de su pueblo. Nos mostró nuestra desmedida ambición por destruir el territorio, lo sagrado, la humanidad. Nos describió el cómo nos convencemos, a través de grandes ideales y dogmas, de la desgracia necesaria. Como justificamos desde nuestras leyes la atrocidad hacia un pueblo venerable y digno. Como evangelizamos violando, asesinando, desapareciendo el germen primitivo de una sociedad salvaje que danza para que llueva, que come para estar juntos, que reza para respetar a sus dioses.

Todo se desmorona - Chinua Achebe



Imprescindible

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