martes, 15 de marzo de 2011

Penélope y las doce criadas

Margaret Atwood logra en esta novela narrar con prolijidad y coherencia una historia alternativa sobre Penélope y las doce criadas. Basándose en la Odisea y en reinterpretaciones de Robert Graves sobre Los mitos griegos, que a su vez rescato de Herodoto, Apolodoro y Pausanias elabora una creación comprensible y muy sentida sobre el laberinto mental de Penélope.
El temor de la chiquilla de quince años casada con el héroe paticorto y mentiroso. El desamparo en un reino pedregoso y arisco. La soledad sin nauseas y melindrosa que la sofocaba como si fuera un capullo atrapado en la más hermosa seda. La lejanía eterna del esposo y las historias de infidelidades etéreas, estafas grises, traiciones funestas que el mar traía con cada barco que acometía la isla.
Penélope, una princesa obligada al engaño para salvar su honor y el de su esposo. Inteligente, pero no hermosa. Tejiendo un sudario para el suegro, una telaraña de proyectos misteriosamente inacabados. Estirando el tiempo con la esperanza del regreso del hombre.
Pero también hay otros que disfrutan de la otra historia, de aquella en donde es una zorra, acostándose con los ciento veinte pretendientes que creían muerto a Odiseo y ambicionaban su reino. La imagen de la mujer lujuriosa, la buscona del placer que concibió una alianza con sus jóvenes criadas para asegurarse las orgias perpetúas. Aquella que termino por engendrar a Pan, el dios de la prostituta de Ítaca, de la araña, de la asesina mental, de la madre incestuosa.
¿Pero quien describe a aquella y a la otra? ¿La historia, el hombre, la mujer, la ficción, la leyenda? Margaret Atwood provoca con lo que cuenta, nos lleva al corazón de la princesa, nos deja retozar en él, hurgar en los resquicios de la duda, nos deja hipnotizados viendo un retrato sobre el cual se ha tejido la desdicha, la injusticia, la deshonra, pero principalmente, el rumor. Aquel insano rumor que culpa a la violada por ser mujer y provocar. Aquel chisme que no perdona la belleza de la edad. Aquella envidia que disfruta con el dolor de la amante vacua, con la anorgasmia reconocida como virtud, con el placer camuflado de discreción.
Penélope y las doce criadas nos habla de la mujer, del magnífico universo que aún mantiene encerrado dentro de un cascaron, que le crece como piel cuando toma contacto con la sociedad. Y nos advierte que siempre es una imprudencia interponerse entre un hombre y el reflejo de su propia inteligencia.

Penélope y las doce criadas – Margaret Atwood


Muy recomendable

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